sábado, 20 de octubre de 2012

Simplemente, nos ocurre a todos.

A todos nos ha pasado alguna vez, conoces una persona un día y intercambias tu número de teléfono. Entonces empiezas ha hablar con esa persona todos los días a todas horas hasta entrar en una rutina la cual se podría describir con una multitud de adjetivos todos ellos positivos. Cada vez esa persona digital te va atrayendo más y más hasta el punto de quedar totalmente encajada en su gravitación, depender el tiempo completo de ese individuo como si de la Luna a la Tierra se tratara. Una noche, ya desde cama después de despedirte, en su contestación te suelta un "te quiero" despistado, el cual a ti sin duda te hace dormir con una sonrisa, y a partir de ahí un buenos días fea, cariño, amore, preciosa, o incluso princesa dependiendo del día, al igual que un buenas noches acompañado de esas ocho letras escritas hay arriba. Poco a poco te empieza a gustar, se convierte en la ilusión de tus días; pero el tiempo pasa y con ello los días de interminables conversaciones las cuales poco a poca van cayendo en la monotonía. Te mueres de ganas de quedar con él, verlo en persona, pero las circunstancias hacen que eso sea difícil. El tiempo sigue pasando y un día te dice que va a salir por tu ciudad con amigos comunes, te dice que quiere que salgas también y que te quiere ver, esa noche tú al igual que la ley de Murphy no puedes salir por cualquier motivo inesperado. ¿Qué ocurre a partir de ese día? Esa persona te empieza a atraer cada vez menos y menos, hasta que empiezas a ver sus "Te quiero"s insípidos, ya no significan nada para ti, y realmente te parece incómodo responderle con un "y yo:)", por lo que poco a poco vas haciendo que las conversaciones antes infinitas se vallan degradando a la típica del estilo "-Hola-Hola-Qué tal?", hasta un día perder el contacto completamente. Suele pasar.